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XXI Domingo del Tiempo Ordinario

En este Domingo la Palabra de Dios nos recuerda una verdad que es de vital importancia para quienes somos, por el bautismo, miembros de la Iglesia: El Señor nos llama a todos a servir en la construcción de su Reino; todo bautizado debe asumir el compromiso colaborar, según la propia vocación, en la misión de anunciar el evangelio.

El elemento en común en la lectura del profeta Isaías y en el evangelio de Mateoes el signo de las llaves.Unas llaves son puestas en las manos de Eliaquín, mayordomo del rey, las cuales se convierten en el signo del poder que este funcionario real tiene para controlar la entrada al palacio y para conducir al rey a quienes lo buscan, sean estos reyes, embajadores y principalmente a las personas que reclaman la justicia del rey. Por esto último es que la lectura dice que Eliaquín será padre para los habitantes de Jerusalén.

En el caso del Evangelio, las llaves son puestas en manos de Pedro, después desu profesión de fe. Pedro, a la pregunta de Cristo: «Y vosotros, ¿quién decís quesoy yo?», ha respondido en nombre de los doce: «Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo». Esto hace que el Señor le cambie el nombre, Simón hijo de Juan, serállamado Cefas (Piedra – Pedro), nombre que identificará su misión. La cual será,según el signo de las llaves, no la de ser el portero del paraíso - como se indica enalgunas ocasiones-, sino ser aquel que conduce, con la solidez de su enseñanza y lafirmeza de su ejemplo, a los fieles a Cristo, por quien existe todo como lo hamanifestado Pablo en la segunda lectura.

El texto evangélico también insiste en algo muy importante, la respuesta de Pedro ha sido inspirada por el mismo Dios, le dice Jesús: «esto te lo ha revelado mi Padre que está en el cielo». Es claro que la experiencia del apóstol en su convivencia con Cristo, al escuchar su predicación, al ser testigo de sus milagros, leha permitido tener una relación íntima con Dios y una apertura de su corazón para dejarse guiar por el Padre que le habla al corazón.

Pedro y de sus sucesores. Por esto al escuchar y meditar en esta Palabra, necesariamente debemos volver la mirada a quien hoy es el sucesor de Pedro, elpapa León XIV. Es él quien tiene hoy la misión de ser la piedra firme donde sefundamenta la Iglesia constituida por Cristo. Su enseñanza sólida y su ejemplofirme siguen conduciendo a los fieles a los pies de Jesucristo. En este primer añode pontificado ha querido dejar claras dos verdades: la primacía de Cristo debeestar al centro de toda la acción evangelizadora de la Iglesia junto a la defensa de la dignidad humana, que es magníficamente elevada por la encarnación del Verbo. Pero es muy importante recordar el compromiso apostólico de todos los bautizados.

Ya San Juan Pablo II lo manifestaba en su exhortación apostólica Christifideles laici (Los fieles cristianos laicos), cuando indicaba que «mediante laefusión bautismal y crismal, el bautizado participa en la misma misión de Jesús elCristo, el Mesías Salvador […] La incorporación a la Iglesia supone la obligaciónde confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante laIglesia» (Ch.L 34-35).Por tanto, la misión encomendada a Pedro, no debe ser exclusiva del papa, losobispos y las demás personas que somos llamadas a una consagración específica.Sino que es compromiso de todo bautizado es decir de todo el que se ha incorporado a la Iglesia de Jesucristo.

Llevar a los hermanos a Cristo, dar ejemplo de fe con palabras, gestos yacciones; respetar y anunciar el mensaje del Señor, conocido y testimoniado por lacomunidad apostólica y transmitido a lo largo de los siglos, es misión de todos losque formamos la Iglesia. Así nos lo recuerda el papa León XIV en el mensaje parala Jornada Mundial de las Misiones de este año al afirmar que «La misión de los discípulos y de toda la Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misiónde Cristo; una misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor.Tanto es así que el mismo Señor, en su gran oración al Padre antes de la pasión,después de invocar la unidad de los discípulos, concluye de este modo: «Para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos» (Jn 17,26)[…] comprometámonos todos a contribuir, cada uno según su vocación y los donesrecibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor»(27.08.2017).

Por esto, como Pedro, debemos fortalecer nuestra experiencia de Cristo y nuestra cercanía con Él, escuchando su palabra y abriendo nuestro corazón a su mensaje de salvación. Esto únicamente es posible cuando aceptamos el llamado apostólico de estar con Él, es decir, de tener momentos de oración y dejar que Él guíe nuestra vida, de tener lectura y meditación asidua de su Palabra y de tener vida sacramental, dejando que su Palabra guíe nuestro camino de fe y que su Cuerpo ysu Sangre alimenten y fortalezcan ese compromiso apostólico.Sólo así, nuestra profesión de fe, como la de Pedro, será testimonio que lleve a los hermanos a Cristo, no porque sea un testimonio proveniente de nuestra limitada humanidad, sino porque así nos lo ha revelado el Padre que está en los cielos.

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