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¿Se puede restaurar un corazón herido y con culpa?

Padre Denis Féliz de la Cruz, invitado de la Revista Vida y Esperanza de Radio Fides y San José TV

Muchas personas cargan durante años heridas y culpas que no logran soltar. ¿Es posible sanar? En la Revista Vida y Esperanza, el padre Denis Féliz de la Cruz, de la parroquia San Bartolomé de Barva de Heredia, respondió a esta pregunta en conversación con Nubia: sí, porque nada es más grande que la misericordia de Dios, pero el cambio también depende de que nos dejemos ayudar.

«Yo hago nuevas todas las cosas»

El sacerdote partió de una promesa del libro del Apocalipsis (21, 5): «Yo hago nuevas todas las cosas». Si Dios creó el orden a partir del caos y venció a la muerte con su resurrección, explicó, tiene también el poder de sanar, renovar y arrancar toda culpa de un corazón, para hacer de esa persona una criatura nueva.

Dios no nos sana sin nosotros

Sin embargo, recordó la conocida frase de san Agustín: «El Dios que te creó sin ti no te salvará sin ti». Dios nos hizo libres, y por eso la sanación también depende de lo que cada uno quiera, crea y busque. Como el leproso que se acercó a Jesús y le dijo con humildad «si quieres, puedes limpiarme», hace falta abrirse. El padre advirtió que hay quienes dan vueltas durante años en el mismo problema y consultan a todo el mundo, pero no se dejan ayudar, porque en el fondo su corazón no se ha abierto a la misericordia y a la conversión.

Puso como ejemplo a los matrimonios que atraviesan una falta grave: si quien falló se arrepintió y dio signos reales de cambio, pero la parte ofendida vive «pasando factura» y regresando al pasado, no habrá restauración posible para ninguno de los dos.

“No existe en este mundo nada ni nadie que sea superior al amor, a la bondad y a la misericordia de Dios”.

Ninguna culpa es más grande que la misericordia

Quien vive convencido de que para él ya no hay oportunidad, explicó el sacerdote, está diciendo en el fondo que su pecado es más fuerte que el amor de Dios. Y recordó el Salmo 129: «Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón». En la cruz, Cristo cargó con todas nuestras culpas. Lo ilustró con el paralelo entre Jonás y Jesús que hacían los Padres de la Iglesia: así como Jonás fue lanzado al mar y devuelto al tercer día, Cristo, siendo inocente, descendió a la muerte para salvar a toda la humanidad y resucitó al tercer día.

Pero ese perdón, insistió, no es automático: hay que aceptarlo, recibirlo y creérselo. Para eso el Señor dejó a su Iglesia el sacramento de la reconciliación, en el que el sacerdote perdona los pecados en nombre de Cristo. El padre contó que ha acompañado a personas en agonía que no lograban partir hasta recibir la absolución, y que mueren en paz después de ella.

Cuando la herida se vuelve excusa

¿Y qué pasa con quien dice que no puede olvidar lo que le hicieron? Para el sacerdote, ahí hay dos pasos previos: quien no se ha reconciliado con Dios tampoco está en paz consigo mismo, y por eso no logra perdonar al hermano. La herida antigua se vuelve siempre nueva porque nunca se le deja sanar, y el corazón se endurece. Por el contrario, quien ha experimentado misericordia aprende a ser misericordioso, como el rey David, que se levantó de su pecado con un corazón más grande. Y advirtió: quien se aferra al rencor termina solo, porque o soltamos el mal o el mal nos destruye.

¿Cómo saber si el corazón ya sanó?

La señal principal, según el padre, es la paz: una conciencia que ya no acusa ni condena. Eso no significa olvidar, sino recordar de otra manera. «No me acuerdo de mi pecado porque Dios me juzga, me acuerdo porque de allí Dios me sacó», explicó. Esa memoria agradecida permite mirar con misericordia a quien hoy está donde uno estuvo. En cambio, quien sigue sintiéndose juzgado por todos, o cree que cada homilía va dirigida contra él, probablemente todavía no ha sanado por dentro.

Un Dios de misericordia, no de miedo

Muchas personas prefieren seguir cargando la culpa porque tienen una imagen falsa de Dios: un juez vengativo que solo castiga. El sacerdote recordó que, como explicaba Benedicto XVI, el santo temor de Dios no es miedo, sino un amor profundo y agradecido hacia un Dios que es misericordioso. Y citó a san Ignacio de Loyola: Dios no solo borra el pecado, lo arranca de raíz. Por eso, dijo, no vale la pena seguir castigándose: el ejemplo de san Pablo, que pasó de perseguidor a apóstol, muestra que la gratitud por el perdón se convierte en servicio a los demás, no en autodesprecio.

¿Cuánto tarda en sanar un corazón?

No hay una fórmula, respondió el padre: el tiempo es de Dios. Pero cuando una persona se abre de verdad a su misericordia, lo que la hería empieza a quedar en el pasado y la paz va creciendo día a día. «Dios nos da su gracia en abundancia; somos nosotros los que la vamos asimilando poco a poco», concluyó.

El padre Denis Féliz de la Cruz sirve en la parroquia San Bartolomé de Barva de Heredia y participa con frecuencia en la Revista Vida y Esperanza.

La Revista Vida y Esperanza se transmite de lunes a viernes, de 8:00 a 9:30 a. m., por Radio Fides 93.1 FM y San José TV. Escuchar en vivo · Ver más programas en YouTube

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