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Lo que hoy siembro, mañana cosecho: la oportunidad de sanar los vínculos familiares

La psicóloga Kathie López en el set de la Revista Vida y Esperanza

«Lo que siembras, cosechas» es una frase que todos hemos escuchado, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué estamos sembrando en las personas que más queremos. En la Revista Vida y Esperanza, la psicóloga Kathie López conversó con los presentadores Nubia y Mauricio Sandino sobre cómo reparar las relaciones familiares que no se cultivaron a tiempo, con especial atención a las personas adultas mayores y a quienes las cuidan.

Siempre seguimos sembrando

Para López, es importante ser conscientes de lo que sembramos todos los días: quien siembra respeto, amor, paciencia y generosidad, probablemente recibirá eso de vuelta. Pero también recordó que esa siembra no termina nunca, ni con la edad ni con los hijos ya grandes, y que la vida ofrece nuevas oportunidades: así como el cuerpo se recupera cuando alguien deja un mal hábito, las relaciones también pueden encontrar nuevas formas. Los abuelos, por ejemplo, tienen con sus nietos una ocasión para sembrar lo que tal vez no sembraron con sus hijos.

“Hasta el día que me muera, sigo sembrando. Y eso es una oportunidad muy bonita que nos da la vida”.

De la culpa que paraliza a la responsabilidad que sana

Muchas personas adultas mayores viven en una profunda soledad, y es fácil juzgar a sus hijos sin conocer la historia. A veces, explicó la psicóloga, esa persona no fue un padre o una madre presente, y hoy es difícil recoger un cariño que no se dio. Ante esa realidad, López distinguió entre quedarse en una culpa malsana que paraliza y asumir una responsabilidad saludable: reconocer lo que faltó y preguntarse qué se puede construir ahora.

La clave, dijo, está en las expectativas ajustadas. Tal vez esa relación ya no puede ser lo que pudo haber sido, pero sí puede ser algo bueno, construido con compasión y autocompasión. Contó el caso de una persona que, después de muchos años de distancia, se volvió a acercar a su padre y hasta tuvo la oportunidad de darle los últimos cuidados.

Ponerle palabras a lo que faltó

El primer paso, según López, es un reconocimiento humilde: «no sembré bien, me faltó esto». El segundo es decirlo en voz alta a la otra persona, porque nombrar lo que faltó —paciencia, tiempo, presencia— alivia mucho a quien lo ha resentido y abre la puerta al perdón de ambos lados. Y cuando ninguno de los dos sabe cómo acercarse, la psicóloga recomendó ser vulnerables y decirlo con honestidad: «no sé cómo acercarme». Esa sola frase, aseguró, ya tiende un puente.

Cuando se sembró bien y la cosecha no llega

También hay padres que hicieron lo mejor que pudieron y aun así no ven el fruto esperado. López recordó que en la cosecha intervienen otros factores, como el ambiente o las amistades, y evocó la parábola del sembrador: no toda la semilla cae en tierra buena. Por eso insistió en revisar los vínculos de forma continua, con preguntas sencillas como «¿cómo te estás sintiendo?» o «¿qué necesitás ahora de mí?», porque las necesidades cambian. Advirtió además que muchos padres trabajaron sin descanso y dieron todo lo material, pero les faltó lo más importante: la presencia.

Cuidar desde el amor, no desde la obligación

La conversación llegó a una realidad que viven muchas familias: el cuidado de un padre o una madre mayor, que a veces genera conflictos entre hermanos. La pregunta de fondo, planteó López, es desde dónde se está cuidando: desde el amor genuino, el deber, la lástima, la culpa, el enojo o la obligación. Para una persona mayor es muy duro sentirse cuidada solo por obligación, por eso invitó a revisar y purificar el corazón.

Y si el afecto no nace, al menos está el mandato de honrar a los padres: tratar a esa persona con el mayor respeto, amabilidad y dignidad posibles, y tomarse una pausa antes de reaccionar. «El querer querer ya es una buena intención, y el Señor ve eso y ayuda», afirmó.

Paciencia y nuevos comienzos

Reparar lo que no se sembró bien requiere paciencia, «esa ciencia de la paz», con uno mismo y con los demás. Escoger la calma cuando sería más fácil perder el control, dijo López, también es sembrar. Incluso nuestro cerebro, capaz de crear nuevas conexiones, es un signo de que siempre es posible empezar de nuevo. Su invitación final fue mirar cada relación difícil con perspectiva, «como desde un balcón», y preguntarse qué hay que restaurar, porque Dios es un Dios de nuevos comienzos.

Kathie López es psicóloga y colaboradora de la Revista Vida y Esperanza desde hace años. Imparte talleres sobre los vínculos familiares, el nido vacío y el cuidado emocional de quienes atienden a personas adultas mayores. Si usted está atravesando una situación familiar difícil, buscar acompañamiento profesional puede ser un buen primer paso.

Contacto de Kathie López
WhatsApp (citas por mensaje): 8833-9197 · Instagram: @kathielopezbermudez

La Revista Vida y Esperanza se transmite de lunes a viernes, de 8:00 a 9:30 a. m., por Radio Fides 93.1 FM y San José TV. Escuchar en vivo · Ver más programas en YouTube

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