Un despido, un diagnóstico, la pérdida de un ser querido o una deuda que no se puede pagar: todos, en algún momento, enfrentamos situaciones que nos sacan de nuestro centro. ¿Cómo mantener la calma cuando todo parece desordenarse? En la Revista Vida y Esperanza, el psicólogo Álvaro Solano conversó con los presentadores Nubia y Esteban Chaverri sobre qué hacer para que una crisis no termine generando más crisis.
El problema no es la crisis
Para Solano, las crisis son parte de la vida de todos los seres humanos. Aparecen cuando perdemos el control de algo que teníamos ordenado, y no solo ante la muerte de un ser amado: cualquier pérdida de algo que queremos nos saca del equilibrio emocional. Lo determinante, explicó, es cómo cada persona decide enfrentarla y con qué herramientas cuenta para hacerlo.
El deseo de tenerlo todo bajo control, advirtió, suele aumentar la frustración. Sin estrategias para manejar esos momentos, la crisis puede derivar en ansiedad, preocupación constante, depresión e incluso en síntomas físicos.
“El problema de la crisis no es la crisis. El problema es cómo cada uno de nosotros decide enfrentarla”.
Álvaro Solano, psicólogo.
Primero, la calma
Una misma situación no afecta igual a todos: depende de lo que cada uno sabe de ella, de cómo le impacta afectivamente y de cómo reacciona su cuerpo. Por eso, el primer paso es buscar la calma, porque solo desde ahí es posible pensar las cosas con claridad. «Si yo me dejo envolver por la crisis, no estoy siendo racional», explicó.
De ahí su consejo más insistente: no tomar decisiones en medio de una crisis. En esos momentos no estamos equilibrados, y lo que decidamos puede venir cargado de impulsividad. Lo mismo aplica, aclaró, para los estados de mucha euforia: cualquier decisión importante debería tomarse desde un estado emocional equilibrado.
Los pensamientos que agrandan el problema
Nubia planteó un ejemplo cotidiano: alguien que pierde su trabajo después de los 50 años, hace tiempo no actualiza su currículum y al día siguiente debe pagar la casa. Según Solano, lo que más aumenta la crisis en un caso así son los pensamientos irracionales: «me van a quitar la casa», «no vamos a tener qué comer», «ya viene diciembre». La mente se va al peor escenario y, en lugar de calmarnos, nos pone en un estado de alerta y ansiedad aún mayor.
Algo similar ocurre con las suposiciones: suponemos que no nos darán el préstamo, que no habrá acuerdo, que todo saldrá mal, pero casi nunca suponemos lo bueno. Esas ideas desgastan y nos predisponen, cuando muchas veces el panorama no es tan crítico como lo imaginamos.
Siempre hay una solución
«Ante una crisis, sea cual sea, siempre va a haber una solución», afirmó el psicólogo, aunque no siempre sea la inmediata ni la que uno quiere. En el caso del despido, el primer paso es aceptar lo ocurrido en lugar de buscar culpables en la empresa o en el jefe, y luego preguntarse qué se puede empezar a construir. Tal vez existía un ahorro pensado para otra cosa que ahora sirve de respaldo; tal vez ese trabajo ya no hacía feliz a la persona y el despido es el empujón que hacía falta para iniciar otro proyecto.
Lo que en un primer momento parecía fatal, explicó, puede convertirse en una oportunidad. Pero eso solo es posible después de respirar, buscar soluciones y no irse al extremo fatalista que termina detonando más crisis.
Tener calma no es reprimirse
En las familias suele haber alguien que, ante una pérdida, toma el control y sostiene a los demás. Pero con los días esa persona va acumulando. Solano fue claro: una cosa es tener calma y otra es reprimir o ponerse el traje de superhéroe. Quien sostiene también necesita su espacio para canalizar sus propios sentimientos y frustraciones.
Las crisis, añadió, se abordan con escucha activa y con una verdadera red de apoyo. Y esa red no es solo quien resuelve la necesidad del momento, sino quien acompaña, da seguimiento y ayuda a recuperar la estabilidad emocional. Cuando además cada miembro de la familia reacciona distinto y no logran ponerse de acuerdo, la situación se complica: «si no detenemos la crisis, la crisis genera más crisis». En esos casos, recomendó buscar apoyo para gestionar juntos lo que están viviendo.
Fechas que duelen
Durante el programa, una oyente compartió que su cumpleaños coincide con el aniversario de la muerte de su padre. Solano le sugirió darle a esa fecha un significado distinto: celebrarla desde los recuerdos lindos, las anécdotas y los consejos compartidos con esa persona. Ese cambio, explicó, tiene que nacer del pensamiento, de decidir cómo se quiere vivir ese día a partir de ahora.
Lo que sí podemos controlar
Para cerrar, Solano recordó que todos atravesamos situaciones para las que no estábamos preparados. «Las crisis no las podemos controlar», dijo, «pero usted sí puede controlar qué está pensando y cómo quiere gestionar eso que está pasando en su vida». Su invitación fue tomar calma, respirar y no decidir nada importante mientras estemos muy vulnerables, para que la crisis se convierta en una nueva oportunidad.
Si siente que no puede calmarse por sí mismo, la recomendación de la Revista es no esperar: un psicólogo puede orientarle según su situación y ayudarle a recuperar el equilibrio.
Álvaro Solano es psicólogo y atiende consultas de forma presencial en Desamparados y también de manera virtual. Además, como cantante, se presenta en rezos del Niño y conciertos navideños.
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