El evangelio de San Mateo nos sigue presentando el discurso eclesial en el que Cristo da orientaciones sobre el modo de vivir en comunidad.Y el mensaje de este domingo lo podríamos sintetizar con las palabras de la primera lectura en las que el Señor, por medio del profeta Isaías, dice al pueblo de Israel: «mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes».Porque los textos de la Palabra que se proclaman este domingo nos recuerdan que existe una fuerte tentación en el ser humano de hacernos una idea de Dios conforme a nuestra mentalidad, es decir un Dios hecho a nuestra medida. En cambio, hoy el Señor quiere que recordemos que su modo de pensar y de actuar no es, ni siquiera cercano, a nuestro modo de pensar y de actuar.El actuar del amo de la viña en la parábola del Evangelio de Mateo, humanamente hablando, parece ser un absurdo, ¿cómo va a recibir la misma paga quien ha trabajado el día entero y quien ha trabajado únicamente una hora? La forma de pensar del ser humano indica que el modo justo de actuar debe ser que aquel que trabajó más horas tenga una mayor retribución económica.Pero esto no es así, el dueño de la viña actúa distinto y todos los trabajadores reciben la misma paga, tanto el que trabajó el día completo como el que trabajó sólo un rato al final de la tarde.Claramente la parábola hace referencia al modo de actuar de Dios y cómo la justicia retributiva que vemos y vivimos como normal lo seres humanos, es decir que se retribuye a la persona según el bien o el mal que ha hecho, no es la forma cómo Dios actúa. La justicia de Dios no se basa en la compensación por las acciones cometidas, es decir el premio por el bien y el castigo por el mal, sino que la base y el fundamento de la justicia de Dios es el amor.La parábola deja claro que en la retribución a los trabajadores no se ha cometido ninguna injusticia, primero porque un denario era el pago por una jornada de trabajo en esa época y segundo porque fue el monto acordado entre el dueño y los trabajadores de la viña y esa fue la paga recibida. Aunque humanamente creamos que los que trabajaron más debieron ganar más, el pago por su labor fue la que se acordó con el dueño de la viña antes de iniciar el trabajo y era el salario normal en la época por un día laboral.

Papa León XIV
EL Señor es misericordia y perdón
“No hay lugar para la envidia y la división allí donde irrumpe la novedad de Dios»



