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Papa

La renovación de la liturgia como expresión de una Iglesia viva

Audiencia General

En su catequesis dirigida a los fieles desde la Plaza de San Pedro, el Papa recordó las palabras del Venerable Pío XII en su Encíclica Mediator Dei, donde se define a la Iglesia como «un organismo vivo». Por esta razón, el Pontífice señaló que la Iglesia crece y se desarrolla también en lo que respecta a la sagrada liturgia, adaptándose y acomodándose a las circunstancias y exigencias que se presentan en el transcurso del tiempo. 
El Papa subrayó la plena continuidad de este principio con el Concilio Vaticano II. Citando el Proemio de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC), destacó que a la asamblea conciliar le corresponde de un modo particular «proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia». Los objetivos fundamentales de dicha asamblea dijo el Papa, se centraron en: Acrecentar de día en día la vida cristiana entre los fieles; Adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones sujetas a cambio; Promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo; Fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia. Vínculo entre liturgia y vida eclesial. 
Durante su alocución, el Santo Padre hizo referencia a un momento histórico donde se advertía con fuerza la necesidad de una renovación de las formas rituales. Estas formas son el medio por el cual, desde hace siglos, la Iglesia realiza la glorificación de Dios y la santificación del pueblo cristiano. Gracias al movimiento litúrgico se había madurado la convicción, expresada posteriormente por san Juan Pablo II, de que «existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida». La dirección a seguir: Tradición y progreso. 
Finalmente, el Papa explicó que, con el fin de favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establece una fórmula muy eficaz que marca la dirección a seguir para el futuro: «Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso».No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura» (Discurso a los participantes en el Congreso por el 50° aniversario de la fundación del Instituto litúrgico pontificio de San Anselmo, 6 de mayo de 2011). El Concilio, dijo León XIV, afirma la legitimidad de ese proceso arraigado en la auténtica Tradición, distinguiendo dentro de la liturgia «una parte que es inmutable por ser la institución divina»  de «otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados» (SC, 21). 
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha adaptado constantemente sus ritos con un objetivo claro, afirmó el Pontífice: permitir que los fieles participen plenamente en el misterio pascual de Cristo, pilar de la fe cristiana. Lejos de ser estático, el culto católico se ha "encarnado" en las distintas culturas de cada época, transformándolas y operando, durante centurias, como un verdadero motor de evangelización. En la actualidad, se plantea la necesidad de renovar esta fuerza en continuidad con la tradición, guiando a los creyentes hacia la plenitud de la verdad. El Pontífice profundizó en los criterios de los Padres conciliares para la revisión de los ritos, subrayando que toda modificación debe responder a una «utilidad verdadera y cierta de la Iglesia». Siguiendo las directrices de la Constitución  Sacrosanctum Concilium, se imponen condiciones estrictas para el progreso litúrgico: Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a «una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia», se lleve a cabo «después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes» (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral» (ibid.). 
El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla. Hacia el cierre de su alocución, el Papa lanzó una firme exhortación a todos los responsables de preparar las celebraciones, con especial énfasis en los sacerdotes que presiden la liturgia. Se les instó a custodiar el respeto absoluto por los textos y ordenamientos vigentes, una fidelidad que debe brotar de una actitud interior de humildad ante Dios y de un compromiso sincero con la comunión de toda la Iglesia.

 Fuente: vaticannews.va