León XIV celebra Misa en honor a la Virgen en el primer aniversario de su elección
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El
Papa reflexiona sobre el Ave María.
David
Mora, periodista
"Hoy
es el día de la oración a Nuestra Señora de Pompeya. Nuestra Madre María
siempre quiere caminar con nosotros, estar cerca de nosotros, ayudarnos con su
intercesión y su amor. Por eso, quisiera orar con ustedes. Oremos juntos por
esta nueva misión, por toda la Iglesia, por la paz en el mundo, y pidamos esta
gracia especial de María, nuestra Madre".
Estas
fueron las últimas palabras del Papa León XIV, hace exactamente un año, el
jueves 8 de mayo de 2025, momentos antes de dar la bendición "Urbi et Orbi",
luego de haber sido elegido en el cónclave.
Ahora,
un año después, el Santo Padre destaca la devoción a Nuestra Señora del Rosario
de Pompeya, ya que peregrinó hasta su Santuario para encomendar su ministerio
petrino y celebrar la Santa Eucaristía allí.
"Hace
exactamente un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro,
era precisamente el día de la Súplica a la Virgen, ¡este hermoso día de la
Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya! Por lo tanto, debía venir
aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen.
Habiendo elegido entonces el nombre de León, sigo los pasos de León XIII, quien
tuvo, entre otros méritos, el de haber desarrollado un amplio Magisterio sobre el
Santo Rosario. A todo esto se suma la reciente canonización de San Bartolo
Longo, apóstol del Rosario. Este contexto nos proporciona una clave para
reflexionar sobre la Palabra de Dios que acabamos de escuchar", manifestó el
obispo de Roma en su homilía.
La
predicación de León XIV se basó en reflexionar sobre el Ave María y explicando
el rezo del Santo Rosario, al cual llamó "un eco que atraviesa los siglos y
conduce al creyente hacia Jesús, visto con los ojos y el corazón de la Madre".
"Al
repetirla en cada Ave María, de alguna manera experimentamos la casa de
Nazaret, casi escuchando de nuevo las voces de María y José durante los largos
años que Jesús vivió con ellos. También experimentamos el cenáculo, donde los apóstoles
con María esperaban la efusión del Espíritu Santo. Esto es lo que nos señaló la
primera lectura. ¿Cómo no imaginar que, en ese tiempo entre la Ascensión y
Pentecostés, María y los apóstoles compartían entre sí recordando los
diferentes momentos de la vida de Jesús? ¡Ningún detalle debía pasar
desapercibido! Todo debía ser recordado, asimilado, imitado", manifestó.
León
XIV finalizó su homilía llamando a la paz en el mundo, asegurando que este exige
un compromiso renovado no sólo en la parte económica y política, sino también
en el ámbito religioso, porque "ninguna potencia terrena salvará al mundo, sino
solo la potencia divina del amor, que Jesús nos ha revelado y donado".
Luego
de la Liturgia Eucaristía, el Sucesor de San Pedro veneró la imagen de Nuestra
Señora de Pompeya.
Fuente: Vatican News.