Pbro. Luis Paulino González Hernández, sacerdote de la Arquidiócesis de San José.
En estos días nuestra
Iglesia costarricense celebra con mucha alegría los cien años de la coronación
de la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles. Con motivo de esta celebración,
puede surgir en muchos de nosotros la pregunta acerca de cómo se fue ese acto
de coronación. Por eso quisiera compartir una sencilla reseña de cómo era en
esa época el ritual para coronar una imagen de la Virgen.
Aclaro,
primero, varios puntos:
La
estructura del rito
La coronación
pontificia era un honor concedido a imágenes insignes de la Virgen, de parte
del capítulo de la basílica de San Pedro. Es decir, era una concesión de parte
del consejo de sacerdotes encargados de la basílica del Vaticano.
Por eso al
inicio del acto se leía el decreto emitido por el Cabildo. En él se indicaba
quién es el obispo delegado para efectuar la coronación. En el caso de nuestra
patrona, el delegado fue Mons. Rafael Otón Castro Jiménez, I arzobispo de San
José.
Esta ceremonia
tenía lugar fuera de la Misa, es decir, el rito no estaba unido a la
celebración eucarística. Antes de la Misa de la Misa Pontifical (la Misa
solemne celebrada por el arzobispo) se realizó la:
1. Bendición
de la corona:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de
Dios,
no desprecies nuestras súplicas en nuestras
necesidades,
antes bien líbranos de todos los peligros,
¡oh Virgen siempre gloriosa y bendita!
V. Nuestro auxilio es el nombre
del Señor
R. Que hizo el cielo y la tierra
V. El Señor esté con vosotros
R. Y con tu espíritu
El obispo
bendice la corona diciendo:
"Omnipotente y sempiterno Dios, por cuya
clementísima disposición todas las cosas fueron creadas de la nada; humildemente
rogamos a tu majestad que te dignéis (hace la señal de la cruz mientras dice) +bendecir
y +santificar esta corona, preparada para
ornamento de la sagrada imagen de la Madre de tu Hijo, Nuestro Señor. Por el
mismo Cristo, nuestro Señor. Amén".
Luego rocía la
corona con agua bendita y la inciensa.
Después de la
Misa se realizó, propiamente el rito de la coronación como sigue:
2. Canto del
Regina Coeli
Es el himno que
la Iglesia canta en este tiempo de Pascua para saludar a la Virgen
V. Reina del cielo, alégrate,
aleluya.
R. Porque Aquel que fuiste digna
de llevar en las entrañas, aleluya.
V. Resucitó como dijo, aleluya.
R. Ruega a Dios por nosotros,
aleluya.
3. Imposición
de la corona
El obispo impone
reverentemente la corona de oro sobre la imagen, diciendo:
Así como eres coronada en la tierra por
nuestras manos, del mismo modo merezcamos ser coronados en el cielo, de gloria
y honor, por Cristo Nuestro Señor.
Luego se
inciensa la imagen
4. Responsorio
breve:
V. Una corona de oro sobre su cabeza. Aleluya
R. Signo de santidad, gloria de honor y obra de fuerza. Aleluya.
V. La habéis coronado, ¡oh Señor! Aleluya.
R. Y la habéis constituido Reina de vuestras obras. Aleluya.
5. Oración
A continuación,
el obispo dice la oración:
"Oh Dios, Padre misericordioso, por la
invocación de la Madre de vuestro Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, a quien, habéis
permitido tomar carne para la salvación del género humano, quedando siempre Virgen
la Santísima María, conceded que, por las súplicas de esa misma sacratísima
Virgen, la gracia que todos los que tuvieren la piedad de venerar la Reina de
misericordia y nuestra graciosísima Señora, delante de esta Imagen, salgan
ilesos de los peligros que los apremian, alcancen el perdón de sus culpas y
omisiones en presencia de vuestra Divina Majestad, y merezcan en la vida gozar
la gracia que piden, y en la eternidad puedan alegrarse de su eterna salvación
con vuestros elegidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".
6. Canto del
Te Deum
Es el himno de
Acción de gracias que la Iglesia canta en las ocasiones más solemnes.
8. Oración
final:
Finalmente, dice la oración: "Oh Dios, cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es inagotable tesoro: rendimos humildes gracias a vuestra benignísima majestad por los dones que nos has otorgado, suplicando a vuestra clemencia que, ya que oís favorablemente nuestras súplicas, no nos desamparéis, sino que nos hagáis dignos de las recompensas eternas. Por Jesucristo nuestro Señor".
Luego de
algunas oraciones adicionales, imparte la bendición final.
Un poco de
historia...
A lo largo de
la historia de la Iglesia no ha sido extraño representar a la Virgen María con atributos
reales. Esto lo ha hecho el pueblo de Dios tanto en Oriente como en Occidente.
De distintos
modos y de acuerdo con las distintas culturas, el arte cristiano ha expresado
con profunda y tierna piedad la convicción de los fieles acerca de la realeza
de María.
En la
iconografía bizantina, por ejemplo, su condición de Reina se expresa al
mostrarla sentada en un trono, revestida de un manto púrpura o rojo, y un pie
ligeramente fuera de su vestido. En cambio, en la imaginería occidental el
elemento más característico es colocar sobre su cabeza una corona, generalmente
dorada.
En sus inicios,
tales atributos reales eran parte de la imagen desde su confección, no un
añadido posterior. En otras palabras, muchos frescos, estatuas o mosaicos eran elaborados
con una corona. No existía un rito específico para imponerla.
El rito de
coronación de imágenes de la Virgen no es un rito antiguo. Al contrario, es
bastante reciente en la vida de la Iglesia: tiene tan solo cuatro siglos y su constitución
ha sido muy estable: sólo ha recibido una modificación sustancial.
El rito tiene su origen a fines del s. XVI e inicios del s. XVII, en la obra del fraile capuchino Girolamo Paolucci de´ Calboli da Forlì ( ? 1620).
En el inicio no
se configuró como rito litúrgico. Más bien nació como un ejercicio piadoso en
el contexto de las grandes misiones populares de la época. De acuerdo con los
estudiosos de la vida y obra de fray Girolamo se puede deducir que tenía una
doble finalidad: en primer lugar, afirmar la realeza de la Virgen María y en
segundo lugar un sentido ascético. Este segundo sentido se debe a que las
personas más acaudaladas podían renunciar a parte de sus joyas para poder
confeccionar la corona.
Tras la muerte de fray Girolamo, fueron continuadores de su obra fray Fedele di San Germano (?1623) y Alessandro Sforza Pallavicino, conde de Borgonovo (Piacenza). El primero fundó, junto con otros religiosos la Pia Opera dell?incoronazione. El segundo, dejó una importante herencia al Capítulo de la basílica de San Pedro en el Vaticano para que éste, luego de su muerte, coronara las imágenes más célebres de la Virgen. Así lo estipuló en su testamento de 1636.
Con el legado
de Sforza todo lo referente a la coronación de las imágenes queda bajo la
tutela del Romano Pontífice. A partir de ahí se vio la necesidad de contar con
un ritual para realizar la coronación y pronto el cabildo creó el nuevo rito.
En 1897 la Sagrada
Congregación de Ritos incluyó este rito como un apéndice del Pontifical Romano
(el libro que contiene los ritos presididos por el obispo). En 1961, en el
pontificado de Juan XXIII, se le hicieron algunas leves modificaciones y estuvo
vigente veinte años más.
Finalmente, en
1981 Juan Pablo II promulgó el nuevo ritual, reformado a la luz de los
criterios teológicos y litúrgicos del Concilio Vaticano II. Es el ritual
actualmente vigente. Este nuevo ritual ofrece la triple posibilidad de celebrar
el rito, no de manera aislada, sino dentro de la Misa, de la liturgia de la
Palabra o de las Vísperas. Es, sin duda alguna, un libro mucho más robusto
teológica y litúrgicamente.