Misa Vespertina de la Cena del Señor
·
Regalo
de Cristo para su Iglesia.
David
Mora, periodista
La
noche de este 2 de abril, Jueves Santo, inició el Triduo Pascual con la Misa
Vespertina de la Cena del Señor, la cual fue celebrada en la Catedral
Metropolitana Santuario Nacional San José.
La
celebración eucarística fue presidida por el arzobispo metropolitano de San
José, Monseñor José Rafael Quirós, acompañado por el prefecto de la Catedral
Metropolitana, el Padre German Rodríguez, diáconos y seminaristas.
Esta
Misa conmemora la última cena que Jesucristo compartió con sus apóstoles la
noche antes de su pasión, en la que instituyó los sacramentos de la Eucaristía
y el Orden, además del mandamiento del amor.
Dado
a que la Cuaresma finalizó al atardecer, durante esta Misa se cantó el Himno
del Gloria, acompañado por las campanas, las cuales no volverán a sonar hasta
la Vigilia Pascual la noche de este sábado 4 de abril.
Durante
su homilía, el arzobispo resaltó la importancia de la Santa Eucaristía,
llamando a los fieles a que no asistan a ella solo por cumplir preceptos
religiosos; sino por amor a este regalo que Cristo le dio a su Iglesia.
"Toda
vez que celebramos la Santísima Eucaristía, hemos de experimentar desde lo
profundo de nuestro ser que, con gozo y plena convicción, estamos ante el
Señor. Es por ello que se deben superar expresiones, que con dolor se escuchan,
el ir a Misa porque es una obligación; más bien, debemos manifestarnos todos
con muchísimo gozo de que hemos sido invitados por el mismo Señor a celebrar el
misterio de nuestra salvación, porque lo que nosotros venimos a vivir es la
experiencia del encuentro con el mismo Señor, encuentro personal, encuentro con
quien se nos da en alimento", manifestó el prelado.
Terminada
su homilía, Monseñor Quirós realizó el gesto de lavar los pies de doce fieles
representando a los apóstoles, estos se encontraban en las primeras bancas de
los fieles presentes en la Misa.
Luego
de la Liturgia Eucarística, el Santísimo Sacramento fue trasladado solemnemente
a un sitio preparado para la reserva y la adoración de los fieles.
Este
es un llamado que la Iglesia Católica hace la noche del Jueves Santo a
permanecer en oración y adoración frente a la Eucaristía para acompañar a
Jesucristo en su agonía antes de ser arrestado.
Durante
varios minutos, el arzobispo estuvo orando por la paz en el mundo.