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Papa

Custodiar el depósito de la fe y transmitirla con fidelidad

Audiencia General

Esta mañana, el Papa León XIV ha continuado su catequesis sobre la Constitución conciliar Dei Verbum, uno de los textos fundamentales del Concilio Vaticano II. En su alocución se ha centrado en tres ideas que iluminan la comprensión católica de la Revelación Divina: la acción permanente del Espíritu Santo, la unidad inseparable entre Sagrada Escritura y Tradición, y la responsabilidad de la Iglesia como custodio del depósito de la fe.

La fe cristiana, presencia viva 

El Papa recordó el papel decisivo del Espíritu Santo en la transmisión de la Revelación. A partir de las palabras de Jesús en el Cenáculo, León XIV subrayó que la fe cristiana no se apoya en un recuerdo estático del pasado, sino en una presencia viva que guía a la Iglesia hacia la verdad completa.


El Pontífice recordó que el Espíritu no añade una nueva revelación, pero sí hace posible una comprensión cada vez más profunda de la Palabra de Cristo a lo largo de la historia. Gracias a su acción, la enseñanza de Jesús permanece actual, capaz de iluminar contextos culturales, sociales y humanos muy distintos a los del siglo I. De este modo, la Iglesia no repite mecánicamente, sino que actualiza fielmente el Evangelio.

Escritura y Tradición: una unidad inseparable

Al abordar la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición, el Papa citó directamente la Dei Verbum, insistiendo en que ambas proceden de una misma fuente divina y forman un único todo orientado al mismo fin: la salvación de las almas.


La Tradición eclesial se ramifica a lo largo de la historia a través de la Iglesia, que custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica (cf. n. 113) remite, a este respecto, a un lema de los Padres de la Iglesia: «La Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en instrumentos materiales», es decir, en el texto sagrado.

Lejos de presentarlas como realidades opuestas, el Papa explicó que la Escritura vive dentro de la Tradición de la Iglesia, que la custodia, la interpreta y la encarna. En este sentido, evocó la enseñanza de los Padres de la Iglesia según la cual la Palabra de Dios fue escrita primero en el corazón de la Iglesia antes de quedar fijada en textos. Esta visión subraya que la Biblia no es un libro aislado, sino el libro de un pueblo creyente.


La palabra de Dios no esta fosilizada

Además, el Pontífice destacó el carácter dinámico de esta relación, recordando que la Palabra de Dios no está fosilizada, sino que crece y se desarrolla en la vida de la comunidad cristiana, tal como afirmaron san Gregorio Magno y san Agustín.

Sobre el depósito de la fe, confiado a la Iglesia, el Santo Padre retomó la exhortación de san Pablo a Timoteo, explicando que este depósito la Palabra de Dios transmitida en la Escritura y la Tradición debe ser conservado íntegro y transmitido fielmente.

Texto completo: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260128-udienza-generale.html


Fuente: vaticannews.va