Celebración se realiza tradicionalmente cada 31 de diciembre en la Basílica de San Pedro
· "A
Dios le encanta esperar con el corazón de los pequeños".
David
Mora, periodista
Como
es tradición cada 31 de diciembre, el Papa preside el rezo de Vísperas y el Te
Deum en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Esta fue la primera vez que
lo realizó León XIV en su pontificado.
El
contexto de esta celebración fue la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, la
cual, dijo el Santo Padre durante su homilía, cierra la Octava de Navidad y "cubre
el paso de un año a otro y extiende sobre él la bendición de Aquel "que era,
que es y que viene"".
"La
liturgia de las Primeras Vísperas de la Madre de Dios es singularmente rica,
tanto por el vertiginoso misterio que celebra como por su precisa ubicación al
final del año solar...hoy la celebramos al final del Jubileo, en el corazón de
Roma, ante la Tumba de Pedro, y así el Te Deum que pronto resonará en esta
Basílica se expandirá para dar voz a todos los corazones y rostros que han
pasado bajo estas bóvedas y por las calles de esta ciudad", manifestó el Papa.
León
XIV advirtió que el mundo se ve invadido por la tentación de "conquistar
mercados, territorios y zonas de influencia", frecuentemente "armadas" y "envueltas
en discursos hipócritas, proclamas ideológicas y falsos motivos religiosos".
Ante esto, el obispo de Roma puso como ejemplo a la Virgen María; "la más pequeña
y la más elevada entre las criaturas".
"La
Madre de Jesús es la mujer con quien Dios, en la plenitud de los tiempos,
escribió la Palabra que revela el misterio. No la impuso: primero la propuso a
su corazón y, tras recibir su "sí", la escribió con amor inefable en
su carne. Así, la esperanza de Dios se entrelazó con la esperanza de María,
descendiente de Abraham según la carne y, sobre todo, según la fe. A Dios le
encanta esperar con el corazón de los pequeños, y lo hace involucrándolos en su
plan de salvación. Cuanto más hermoso es el plan, mayor es la esperanza. Y, de
hecho, el mundo continúa así, impulsado por la esperanza de tanta gente
sencilla, desconocida pero no para Dios, que, a pesar de todo, cree en un
mañana mejor, porque sabe que el futuro está en manos de Aquel que les ofrece
la mayor esperanza".
Al
finalizar su homilía, León XIV dio gracias a Dios "por el don del Jubileo" y
por todos los que en el 2025 sirvieron a los peregrinos y trabajaron para hacer
más acogedora a Roma.
Luego
del Magníficat y las preces, se entonó el Te Deum; un himno con el que se da
gracias a Dios por el año civil que finaliza. Este canto se acostumbra entonar
en celebraciones importantes.
Al
finalizar la celebración, León XIV salió a la Plaza de San Pedro a orar durante
unos minutos ante el pasito navideño y luego saludó a los fieles presentes.
Fuente: Vatican News.