Mensaje de los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, con motivo de la Navidad
Con
la celebración de la Navidad del Señor, corazón de la fe cristiana, exultamos
de gozo; y al acercarnos a la conclusión del Jubileo, tiempo especial de
gracia, reconciliación y renovación espiritual, los obispos de Costa Rica
dirigimos una palabra de esperanza, discernimiento y responsabilidad a todo el
Pueblo de Dios y a la sociedad costarricense.
1.
La Navidad: Dios se hace cercano a la humanidad herida
En
la Navidad, Dios se hace cercano, pobre y vulnerable. El Hijo de Dios entra en
la fragilidad de la condición humana, nace pobre entre los pobres, se inserta
en la historia concreta de la humanidad y se solidariza con toda forma de
sufrimiento, asume las heridas de la humanidad y las transforma desde dentro
con la fuerza del amor: la pobreza que excluye, la violencia que desfigura la
convivencia, la soledad que hiere a tantos hogares, la incertidumbre de muchos
jóvenes y el cansancio de quienes luchan cada día por salir adelante.
Por
ello, celebrar auténticamente la Navidad exige abrir los ojos y el corazón a
las heridas de nuestro pueblo y comprometernos, como Iglesia y como sociedad, a
ser instrumentos de consuelo, justicia y esperanza para quienes más lo
necesitan. La Encarnación del Hijo de Dios ilumina la historia concreta de los
pueblos y llama a los creyentes a asumir su responsabilidad en la construcción
de una sociedad más justa, solidaria y fraterna.
2.
El Jubileo: un llamado a la conversión personal y social
El
Jubileo que hemos celebrado nos ha invitado a volver a Dios, a reconciliarnos
entre nosotros y a renovar nuestro compromiso con la justicia, la misericordia
y la esperanza. Ha sido un tiempo para experimentar el perdón, para sanar
memorias heridas y para reavivar la fe en medio de un mundo marcado por la
incertidumbre.
Al
concluir este tiempo jubilar, sentimos el deber pastoral de recordar que sus
frutos no pueden quedarse solo en celebraciones litúrgicas o gestos simbólicos.
Estamos llamados a traducirlos en gestos concretos de fraternidad, de
compromiso social y de construcción del bien común. El Jubileo nos compromete a
una conversión que tenga consecuencias sociales, a revisar estilos de vida,
estructuras injustas y actitudes que generan polarización, exclusión,
corrupción o indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
A
la comunidad eclesial la animamos a ser signo creíble de esperanza,
fortaleciendo la vida fraterna, el compromiso misionero y la cercanía a quienes
más sufren. Que las parroquias, comunidades, movimientos y obras eclesiales
sean espacios donde se cultive el diálogo y la cultura del encuentro.
Anhelamos
la paz. El Papa León XIV en su mensaje por la Jornada por la paz del próximo 1
de enero, al hablarnos de la paz de Cristo nos dice: ?La paz existe, quiere
habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la
inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo
eterno?.
Al
concluir el Jubileo, renovamos nuestra fe en que Dios camina con su pueblo y
nos llama a ser artesanos de paz y reconciliación, custodios de la vida y
servidores del bien común.
Que
la Navidad del Señor renueve el corazón de nuestra nación y nos impulse a
caminar juntos con esperanza. Al contemplar al Niño Dios, Príncipe de la Paz,
confiamos a Él el presente y el futuro de Costa Rica. Que su luz fortalezca a
quienes trabajan por la justicia; consuele a quienes sufren; y despierte, en
todos, el deseo de construir una patria más humana y solidaria.