Sacerdote más longevo de la Arquidiócesis de San José fue ordenado el 17 de diciembre de 1955
·
Trayectoria
del Padre Edgar Rivera.
David
Mora, periodista
Este
domingo 21 de diciembre, durante una de las celebraciones eucarísticas en la Catedral
Metropolitana Santuario Nacional San José, se contó con la presencia del Padre
Edgar Rivera, el sacerdote más longevo de la Arquidiócesis de San José, tiene
100 años de edad y celebró sus 70 años de vida sacerdotal. Rivera fue ordenado presbítero
el 17 de diciembre de 1955.
La
Santa Misa fue presidida por el arzobispo metropolitano de San José, Monseñor
José Rafael Quirós, quien felicitó al sacerdote y le manifestó que "en el Señor
nos alegramos por este aniversario".
Por
medio de redes sociales, el prelado también felicitó al obispo emérito de la
Diócesis de Cartago, Monseñor José Francisco Ulloa, por sus 61 años de vida
sacerdotal; y el obispo emérito de San Isidro de El General, Monseñor Guillermo
Loría, por cumplir 62 años de sacerdocio.
El
Padre Rivera nació el 24 de octubre de 1925, es hijo de Martín Rivera Quirós y
Adoración Garita Mora, en su juventud fue mensajero del Banco Crédito Agrícola
de Cartago, y decidió ingresar al Seminario Nacional, en Paso Ancho, en 1950,
por sentir una inquietud hacia el sacerdocio luego de servir por años como
monaguillo al lado del Padre Enrique Bolaños (futuro IV obispo de Alajuela). Su
formación eclesiástica comenzó a sus 24 años (lo que era considerada una
vocación tardía) y estuvo a cargo de los padres alemanes paulinos, llegando a
ser ordenado el 17 de diciembre de 1955 en la Catedral Metropolitana de San
José, por el entonces arzobispo Monseñor Rubén Odio.
Su
ministerio sacerdotal comenzó en la Parroquia de Santiago de Puriscal como
vicario, luego fue párroco de la comunidad de Nuestra Señora de los Ángeles en
Las Delicias de Turrubares, de donde cuenta anécdotas sobre cómo se encontraba
con las serpientes del lugar. También estuvo en las parroquias San Isidro
Labrador en Barbacoas de Puriscal y Nuestra Señora de los Ángeles en Juan
Viñas.
Por
razones de salud, el sacerdote fue trasladado a la Curia Metropolitana en 1962
y fue nombrado como tesorero auxiliar, luego fue tesorero inspector. En ese
mismo año, fue designado capellán del Hospicio de Huérfanos de San José y del
Hogar Domingo Soldatti, donde actualmente está la cárcel de San Sebastián.
A
mediados de 1962, el Padre Rivera volvió a ser párroco, siendo designado en San
Pablo de Heredia y en 1964 fue trasladado a San Isidro de Heredia, donde
trabajó en la construcción del templo de San Josecito, actualmente una
comunidad parroquial.
En
1968 fue el primer párroco del Sagrado Corazón de Jesús, en Heredia, hasta
1975; cuando fue llevado a San Miguel Arcángel de Escazú, estando allí cinco
años, asignándosele la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción en Ciudad Colón,
llegando en 1982 a San Antonio de Padua, en Escazú. De 1986 a 1998 estuvo como párroco por
segunda vez en la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús, siendo el sacerdote
que bendijo la primera etapa del actual templo parroquial.
Luego
de su retiro, el Padre Edgar siguió sirviendo en la Parroquia Sagrado Corazón
de Jesús dando consejería espiritual y confesando, también recordado por
presidir la Santa Misa diariamente en la Capilla del Bajo de los Molinos en
Heredia y en la Iglesia de El Carmen de Heredia.