Celebran bicentenario de patronazgo de la Inmaculada Concepción sobre la Ciudad de las Flores
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El
origen de la devoción lo estableció la parroquia herediana.
David
Mora, periodista
Este
lunes 8 de diciembre, varias comunidades marianas celebran su fiesta patronal;
pero la Parroquia Inmaculada Concepción de María, en Heredia, tiene la
particularidad de que en esta ocasión conmemoran los 200 años de patronazgo de
la Madre de Dios sobre el cantón central.
El
hecho sucedió el 10 de enero de 1825, cuando la Inmaculada Concepción de María
fue declarada patrona de la Municipalidad de Heredia durante una sesión del
concejo municipal.
?Se
nombra Patrona de esta Municipalidad a la Purísima Virgen de Concepción para
que impetre del Omnipotente el buen acierto en sus operaciones; a cuya imagen
se le hará su estampa o cuadro y se fije en esta Sala; así mismo que, con ayuda
de algunos devotos, se la haga por esta Municipalidad su función el 15 de
diciembre?, dice el acuerdo municipal de aquella ocasión.
El
26 de setiembre de aquel mismo año fue entronizada la primera imagen de la
Inmaculada Concepción, con el tiempo se cambió por otra, la cual se mantiene
hasta ahora en el salón de sesiones del concejo municipal. También se le nombró
a las campanas "Pura y Limpia Concepción de María".
El
origen de esta devoción en la Ciudad de las Flores está en 1706, cuando los
heredianos eligieron a la Inmaculada Concepción para dedicarle su primer
templo, la ermita de Alvirilla; la cual se convirtió en la parroquia central el
19 de julio de 1734, bajo el título "La Inmaculada Concepción de Cubujuquí o
del Valle de Barba", una concesión dada por el entonces obispo de León, en
Nicaragua, Monseñor Francisco Dionicio Villavicencio.
Es
decir, primero fue la parroquia quien le dio esta característica mariana a la
comunidad, luego fue la Municipalidad.
Uno
de los detalles es que estos acontecimientos se dieron décadas antes de que la
Iglesia Católica proclamara el Dogma de la Inmaculada Concepción de la
Santísima Virgen María, hecho que sucedió el 8 de diciembre de 1854, por medio
del Papa Pío IX.