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Oraciones

El compromiso es de todos

Mons. José Rafael Quirós Quirós, Arzobispo Metropolitano

 

El tiempo pascual, es tiempo de esperanza y, por tanto, de docilidad a la acción de Dios en nuestra vida para avanzar de manera continua, hacia la meta que nos propone el Resucitado. Por ello, la presencia viva del Señor nos anima, primeramente, a vencer el miedo pues Cristo "sabe que nuestros miedos nacen del gran miedo, el miedo a la muerte: miedo a desvanecerse, a perder a los seres queridos, a enfermar, a no poder más" Pero en la Pascua Jesús venció a la muerte. Por tanto, nadie puede decirnos de forma más convincente: "No tengan miedo".[1]

También el Señor nos incita a someter el odio mediante la fuerza del amor, a sofocar las tinieblas recurriendo al esplendor de la verdad, y a erradicar los malos entendidos y las divisiones con el diálogo sincero y transparente, porque la Resurrección del Señor es fuerza transformadora de toda realidad. En Cristo se nos ofrece todo aquello que para el ser humano parece imposible alcanzar, él ha derribado todos los muros que nos separaban. Y porque Dios nos ha creado "a su imagen y semejanza" (Gn. 1, 27), tenemos, con su gracia, la capacidad para cambiar nuestra vida y superar cualquier adversidad en la que nos encontremos.

Es el mismo Dios quien ha sembrado en nosotros el ansia de alcanzar altas metas todos los días, no hemos sido creados para estancarnos, sino para caminar y ser así constructores de nuestro destino.  Cada quien, desde una fecunda experiencia de comunión, ha de asumir su responsabilidad, dejando de lado el individualismo. 

Hoy, más que nunca, palpamos la necesidad de sentirnos y de actuar como hermanos, cuanto más al constatar que Costa Rica está en el "top" de los países con mayor desigualdad social.  Al escuchar las desalentadoras cifras de pobreza y pobreza extrema, los altos porcentajes de desempleo, la carencia de vivienda digna, la brecha en educación, entre otros, no podemos ver en ello tan sólo cifras, sino los rostros de hermanos que viven a diario la incertidumbre, angustia y el dolor.

Que quienes nos alegramos con la Resurrección de Cristo nos sintámonos capaces de transmitir confianza y amor a la vida y nos comprometamos en la construcción de una sociedad más humana, justa y solidaria. Como nos enseña el Papa Francisco "No hay punto final en la construcción de la paz social de un país, sino que es «una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. Trabajo que nos pide no decaer en el esfuerzo por construir la unidad de la nación y, a pesar de los obstáculos, diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica, persistir en la lucha para favorecer la cultura del encuentro, que exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común"[2] .

 Así como "Los discípulos se alegraron de ver al Señor" (Jn 20,20), y actuaron en adelante con coherencia y determinación en favor del Reino, nosotros, interpelados por sus gestos y por sus palabras, transmitamos a nuestros hermanos la esencia del anuncio cristiano, a Jesús, muerto por amor y a quien Dios lo ha resucitado para que en él tengamos vida. Y, con san Pablo repitamos una y otra vez, "todo lo puedo en Cristo que me fortalece". 



[1] Papa Francisco, 18 de abril del 2022

[2] Papa Francisco, Fratelli Tutti 232