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Oraciones

La Navidad es Luz para nuestra vida

Mons. José Rafael Quirós Quirós, Arzobispo Metropolitano

 

Por el nacimiento de Jesús la humanidad entera conoció la gloria de Dios al contemplar con los pastores a aquel niño recostado en un humilde pesebre, custodiado en piadosa oración por María y José. Con los Ángeles, proclamamos a Cristo como Señor del universo y Príncipe de Paz, él es el Emmanuel, Dios con nosotros por siempre: "Su Reino ha bajado a la tierra. Dios no está ?como muchas veces estamos tentados de pensar? allá arriba en los cielos, lejos, separado de la condición humana, sino que está con nosotros. El tiempo del distanciamiento terminó cuando en Jesús Dios se hizo hombre." [1]

Dios se nos revela cercano, ha entrado en el mundo y camina a nuestro lado, no estamos solos. Por nosotros ha nacido el Salvador y esta gran noticia no puede dejarnos indiferentes. Jesús manifiesta cuánto nos ama el Padre y esta certeza da pleno sentido a nuestra vida y colma de esperanza nuestro caminar. 

Cristo es la fuente de amor que quiere conducir a todos a un mayor y más profundo conocimiento de la verdad, a una renovación de la esperanza, a la restauración de la unidad, de la concordia y de la paz entre los seres humanos.

El mismo Jesús, nacido aquella noche santa de Belén, hoy nos llama a vivir la verdad, la unidad y la paz tan anheladas y que, en el momento actual, deben hacerse presente en cada hogar a pesar de las no pocas dificultades y obstáculos que se opongan.

Hemos vivido otro año complejo y sensible para muchas familias, ante todo, por la dura situación económica, agudizada, aún más, por la pandemia. Se respira un aire de desconfianza generalizado, a pesar de encontrarnos en pleno proceso electoral y escuchar, una y otra vez, promesas de tiempos mejores.  Los escándalos de corrupción en el sector público descorazonan hasta los más crédulos en la institucionalidad. Igualmente, las salidas en falso de las instancias de educación pública y la creciente ideologización que envenena a los individuos y a los pueblos, se infiltra en lo profundo de las estructuras sociales, tergiversándolo todo.

Costa Rica enfrenta tiempos en los que la estabilidad y la paz social peligran y, lejos de resignarnos ante un panorama tan desconcertante es, en este contexto, en el que Dios nos llama a redescubrir en su Hijo el camino para no alejarnos del sumo bien y de la vida que en él podemos alcanzar. El Verbo "se hizo carne y habitó entre nosotros"(Juan 1,14), para iluminar todas las realidades que nos toque atravesar. Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como niño débil e indefenso, como todos los niños. Precisamente así se contrapone a toda violencia y trae un mensaje que es paz. La celebración de su nacimiento, ha de pasar de una celebración meramente cultural a una vivencial.

El anuncio de la Navidad debe alentar a cuantos se esfuerzan por neutralizar, con todo su empeño, esa lectura pesimista o fatalista de la historia, de nuestra historia. 

En Cristo, hombre como nosotros, se nos descubre que Dios nos ha creado no enemigos sino hermanos y, como tales, debemos buscar unidos el bien común.  Debemos superar la soberbia y la vanidad, los intereses y las divergencias y "dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo. Y pidamos también en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo.?[2]

Pido al Señor su gracia para que en esta Navidad nos esforcemos para superar esa mentalidad de vencedores y vencidos, que dejemos de lado las divisiones que provienen de visiones ideológicas o políticas, no caigamos en la trampa polarizadora,  más bien fijemos la mirada en lo esencial, que no requiere muchas palabras sino una mirada de amor y una mano tendida. 

 

Que Cristo nazca en nuestros corazones



[1] Papa Francisco, homilía, 24 de enero 2021

[2] Benedicto XVI, homilía 24 de diciembre 2011