La mañana de este domingo 9 de agosto se realizó el último acto que faltaba luego de la ordenación episcopal del obispo de Puntarenas, Monseñor Elímar Carvajal; la toma de posesión canónica en la Catedral de esta diócesis.
Minutos antes de la celebración eucarística, el prelado recién consagrado fue recibido con un crucifijo en la puerta principal, el cual besó y entró en procesión asperjando a los fieles con agua bendita hasta llegar al presbiterio, donde adoró al Santísimo Sacramento reservado en el sagrario por unos instantes, luego se dirigió a la sacristía a revestirse con las vestiduras litúrgicas propias para la Santa Misa.
Al inicio de la celebración se realizó el signo de transición entre obispos: Durante la procesión ingresó el clero puntarenense, cerrándose con Monseñor Carvajal, el obispo de la Diócesis de Alajuela, Monseñor Bartolomé Buigues, y presidiendo el obispo emérito de Puntarenas, Monseñor Óscar Fernández; este último incensó el altar, realizó el saludo litúrgico y entregó el báculo y la cátedra a Monseñor Carvajal, quien se sentó en su sede y asumió el resto de la presidencia de esta Eucaristía, la primera que encabezó como obispo de Puntarenas.

Durante este gesto, el nuevo obispo recibió el saludo de los cuatro sacerdotes vicarios foráneos y luego recibió a varias personas, en representación de todos los fieles, quienes lo saludaron como signo de obediencia, también lo hicieron las autoridades locales. Omitido el acto penitencial, se continuó la Misa con normalidad.
En su homilía, Monseñor Carvajal habló sobre el evangelio proclamado, en el que Jesús camina sobre el Mar de Galilea, destacó que “ninguna tormenta tiene la ´última palabra”. Reflexionó sobre la importancia de mantener siempre la mirada en Cristo, como lo hizo San Pedro logrando caminar sobre el agua, pero sin caer en la desesperanza al contemplar las dificultades y obstáculos de la vida.
“Cuando fijamos nuestra mirada en Cristo descubrimos caminos nuevos: Esta enseñanza adquiere un significado especial al inicio de mi ministerio episcopal; la misión fundamental del obispo también consiste en ayudar a que toda la diócesis mantenga la mirada fija en Jesucristo, ya que si no lo hacemos corremos el riesgo de construir una Iglesia centrada en personas, grupos o intereses particulares, la Iglesia tiene un sólo Señor, un sólo maestro y un sólo salvador. ¿Y cómo se llama ese salvador? Jesucristo”, manifestó el obispo.

Por otro lado, Monseñor Carvajal quiso dar algunas pautas sobre quiere hacer en su episcopado, no sólo sosteniendo una labor administrativa, sino siendo un pastor cercano: Amar al sacerdote joven, al sacerdote anciano, amar a quienes participan activamente y a quienes hace tiempo dejaron de acercarse a la Iglesia, amar a las familias, a los niños, a los jóvenes, a los enfermos, a los pescadores, a los agricultores, a quienes trabajan en el turismo, a los privados de libertad y a quienes viven en las comunidades más alejadas.
“El obispo necesita de sus sacerdotes, los sacerdotes necesitan de sus comunidades, las comunidades necesitan de las familias y las familias necesitan de los jóvenes, y todos necesitamos a Cristo. No hay espacio para protagonismos personales, no hay lugar para divisiones estériles, no hay misión auténtica sin comunión, cuando remamos en direcciones distintas la barca gira sobre sí misma, cuando todos remamos mirando a Cristo la barca avanza. Esta diócesis nació mirando al mar, el mar forma parte de nuestra identidad, de nuestra cultura, de nuestra espiritualidad. Quien vive junto al mar sabe que ningún navegante puede dominar el viento, pero sí puede orientar las velas…Encomendemos este camino a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, bajo el título del Carmelo, para que nos enseñe a escuchar como Elías, a confiar como Pedro, a amar al Pueblo de Dios con el corazón de San Pablo, y que el Señor me conceda a mí, indigno siervo suyo, al presbiterio, y a todos los fieles de esta querida Diócesis de Puntarenas la gracia de permanecer siempre unidos, con la mirada fija en Cristo para que ninguna tormenta nos haga perder la esperanza”, expresó Monseñor Elímar al finalizar su predicación.
Luego de la Sagrada Comunión, el nuevo obispo quiso entregar a cada una de las parroquias de Puntarenas una vela, la cual pidió que se coloque en un lugar visible de los templos parroquiales y se mantenga encendida como signo de comunión con él.


Al finalizar la Santa Misa se firmó el acta oficial de la Toma de Posesión Canónica.
La Diócesis de Puntarenas cuenta con cuatro vicarías foráneas, 18 parroquias, 38 presbíteros, 19 religiosas, cinco seminaristas y más de 200.000 fieles laicos.




