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Costa Rica bajo el cobijo de su Madre

Una jornada llena de fe y cobijo maternal es lo que se vivió la mañana de este domingo 2 de agosto en la plazoleta de la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles, donde miles de peregrinos vivieron la Santa Misa dominical en honor a “La Negrita”.
Con su Corona Pontificia y con el Pabellón Nacional, la Patrona de Costa Rica fue llevada hasta el templete para presenciar la celebración eucarística. Minutos antes se hizo presente la presidenta de la República, Laura Fernández, en compañía del primer caballero, Jeffrey Umaña; junto a autoridades del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial.
La Santa Misa fue presidida por el obispo de la Diócesis de Cartago, Monseñor Mario Quirós, acompañado por los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR), el nuncio apostólico en Costa Rica, Monseñor Mark Gerar Miles; sacerdotes, entre los cuales estaba el obispo electo de la Diócesis de Puntarenas, Monseñor Elímar Carvajal, diáconos y seminaristas.
La homilía estuvo a cargo del obispo de la Diócesis de Ciudad Quesada, Monseñor José Manuel Garita. En su predicación rescató el hecho de que en los momentos complicados de la historia de Costa Rica se ha acudido a la intercesión de la Madre de Dios, en esta advocación.
“El contexto actual de nuestro país nos pide discernir con sabiduría los signos de los tiempos que estamos viviendo, para procurar aportar todos a la realidad pluriforme de nuestra sociedad. Nuestra nación vive momentos que reclaman la responsabilidad de todos. Costa Rica continúa experimentando desafíos que no podemos ignorar: la violencia sigue sembrando dolor en muchos hogares, la criminalidad hiere profundamente el tejido social, el narcotráfico continúa destruyéndonos; la corrupción sigue causando daño, injusticia y escándalo; numerosas familias viven con incertidumbre frente al futuro; la pobreza sigue golpeando a muchos hermanos que carecen de oportunidades dignas; nuestros jóvenes buscan razones para esperar en medio de una cultura que con frecuencia ofrece respuestas inmediatas, pero vacías de sentido; muchas personas experimentan la soledad, la indiferencia, la ansiedad y la desesperanza. Ante este panorama podríamos caer en el desaliento o en la resignación”, manifestó el prelado.
Por otro lado, hizo un llamado a recuperar la unidad, el diálogo y respeto entre los ciudadanos, sin importar sus diferencias de pensamiento.
“Nuestro país necesita hombres y mujeres capaces de escucharse y de respetarse incluso cuando piensan distinto, de trabajar juntos por la justicia, la paz y el desarrollo integral de todos. Necesita familias que vuelvan a ser escuelas de amor y de reconciliación; educadores que formen en valores; jóvenes que descubran la belleza de entregar su vida por ideales grandes; gobernantes y servidores públicos que ejerzan su misión con honestidad, altura y espíritu de servicio; ciudadanos comprometidos con una cultura de legalidad, solidaridad y cuidado del prójimo”, expresó.
Monseñor Garita finalizó su homilía recordando que el pasado 25 de abril se cumplieron 100 años de la Coronación Pontificia a Nuestra Señora de los Ángeles, comentando que la mejor corona que se le puede ofrecer en un país reconciliado y con índices de violencia bajos.
Al finalizar la Santa Misa se veneró la Sagrada Imagen y se entonó el Himno Nacional.
La Virgen de los Ángeles fue llevada de regreso a la Basílica de los Ángeles y expuesta en el presbiterio para seguir recibiendo a los peregrinos.

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