Justo antes de su viaje a América Latina, este jueves 5 de noviembre el papa León XIV presidió la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, ofreciéndola por los obispos y cardenales difuntos fallecidos en el último año (siete cardenales y 136 obispos). Esta celebración se realiza anualmente con motivo de la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, celebrada en toda la Iglesia el pasado lunes 2 de noviembre.
Durante su homilía, el Santo Padre manifestó que la esperanza en la resurrección y la comunión de los santos son realidades “que iluminan nuestra oración por los difuntos”, también destacó que “quien sigue a Cristo se convierte en su servidor y estará siempre allí donde él esté, precisamente porque ha seguido su camino”.

El pontífice finalizó su predicación indicando que “en Cristo, la muerte no deshace los vínculos, sino que los transfigura en una nueva dimensión, que se comprende solo en el misterio de su amor entregado hasta el fin en la cruz y derramado después en la victoria pascual”.
Un detalle a relucir es que en esta Misa se usaron vestiduras litúrgicas rojas; esto porque, aunque las exequias o las celebraciones ofrecidas por los difuntos tienen asignados los colores morado o negro, en el caso de la liturgia papal existe esta diferenciación.

Esto se debe una tradición de la Antigua Roma, donde la gente vestía franjas rojas si el difunto era un cónsul o un general, también se vestían de rojo si el fallecido era un censor. De ahí nació la costumbre de que cuando el papa muere, su cuerpo se reviste con vestiduras litúrgicas rojas, además de ser el color para sus exequias o las Misas por los difuntos en Roma.
Luego de la celebración eucarística, León XIV visitó varias tumbas de sus predecesores, entre ellos Pío XII, San Pablo VI, el Beato Juan Pablo I, San Juan Pablo II y Benedicto.

Fuentes: Vatican News y EWTN News.




