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San Juan Pablo II: ¿Cómo lo recuerdan varios ticos que lo conocieron?

El pasado jueves 22 de octubre la Iglesia Católica celebró la memoria de San Juan Pablo II, el papa polaco que fue obispo de Roma desde su elección en 1978 y hasta 2005, cuando llegó su muerte. 27 años de un llamado a toda la Iglesia: “¡No tengan miedo!”.
Radio Fides conversó sobre las experiencias de varios costarricenses que pudieron conocerlo. ¿Cómo lo recuerdan?

M.I. Pbro. Víctor Hugo Munguía

El Padre Víctor Hugo Munguía se encontraba en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el 16 de octubre de 1978, el día en que Karol Wojtyla fue electo sumo pontífice.

“Recuerdo que cuando dijeron el nombre, una señora pegó un grito: “¡Ay Dios santo, un negro!”, por el apellido que no lo conocía, yo la encaré porque yo soy monero. Y cuando salió el papa polaco se echó a la bolsa a todo el pueblo de Dios con solo asomarse al balcón de la Basílica de San Pedro”.

El 14 de febrero de 1983, el Padre Munguía regresó a Costa Rica luego de haber estado estudiando en Roma, poco más de dos semanas después, el Santo Padre llegó al país, el sacerdote recuerda que se impresionó de ver su llegada y de la alegría que generaba en los costarricenses durante su visita.
La tercera ocasión en que el sacerdote se encontró con el pontífice fue en 1998, cuando cumplió 25 años de su ordenación presbiteral. Para la ocasión, el Padre Munguía envió una carta pidiendo poder concelebrar una Santa Eucaristía con él, lográndolo junto a otros dos sacerdotes costarricenses y un francés en la capilla privada del Santo Padre, y al final todos pudieron conversar unos momentos con él.

“Recuerdo que nos preguntó de qué diócesis son de Costa Rica, y le dijimos que de San José, y el exclamó: “¡Ah, Monseñor Arrieta!”. Siempre se acordaba de don Román, a quien Dios tenga también en el cielo”.

Luis Gabriel Soto

En el 2002, Luis Soto, de Alajuela, viajó a Roma y estuvo en una audiencia general en la Aula Pablo VI, él pudo ver al Santo Padre pasar a unos 30 metros de donde se encontraba.

“Ver la fortaleza de ese señor, en medio de sus dolencias, enfermedades, del peso que definitivamente un hombre de Dios lleva sobre sus hombros fue impactante, pero lo que más me impactó es que al final de la audiencia, cuando ya se había vaciado el aula, quedamos tres hermanos de Costa Rica y estábamos al puro final, en la puerta de salida de la sala, cuando el papa iba de salida con su bastón. Lo vimos saliendo con un paso firme, pero lento y nos pusimos de acuerdo entre los tres para gritarle a toda voz: “¡Juan Pablo II, Costa Rica te ama!”. Lo hicimos así, en eso se detuvo, levantó su cabeza, nos volvió a ver y con el bastoncito nos saludó tres veces y siguió su marcha. Para mí ese ha sido un momento impactante y cada vez que pido su intercesión, le recuerdo ese momento”.

Ese día, Luis tomó una fotografía durante la audiencia, el aula estaba iluminada; sin embargo, recuerda como dato curioso que; sin usar ningún efecto, la imagen le quedó oscura y con una luz en el punto donde se encontraba el sucesor de San Pedro.

Mons. Daniel Blanco

El 19 de octubre de 2003, con casi dos años de ser sacerdote, el actual obispo auxiliar de la Arquidiócesis de San José, Monseñor Daniel Blanco, pudo participar de la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta, donde pudo ver al papa de cerca y tomarle una fotografía.

“Fue bastante impresionante sobre todo porque él en ese momento ya estaba bastante enfermito, le costaba mucho hablar, en la Eucaristía casi que lo único que pudo pronunciar fueron las palabras de beatificación de la Madre Teresa de Calcuta, y casi que todo el resto de la Eucaristía tuvieron que ayudarlo los concelebrantes, uno de ellos era el Cardenal Ratzinger, que luego será quien lo sucede en suelo pontificio, pero tenía una personalidad que cautivaba realmente, a pesar de fragilidad, las palabras que pudo pronunciar y la manifestación de paz que podía dar. Yo lo tuve de cerca muy poquito cuando pasó en el papamóvil, pero ciertamente daba la sensación de ser un hombre santo, un hombre que daba paz al corazón”.

Años después, el sacerdote tuvo la oportunidad de trabajar en el proceso de canonización de Wojtyla, lo cual destacó como un aprendizaje, ya que él se dedicaba a los procesos de nulidad matrimonial.
Este proceso consistió en verificar el segundo milagro atribuido a la intercesión del papa, se trató del caso de Floribeth Mora, una costarricense que se curó milagrosamente de un aneurisma cerebral.

“Todo el proceso de verificación del milagro es constatar la grandeza de Dios, cómo Dios actúa a partir de la intercesión de los santos y poder constatar científicamente con los médicos que atendieron a doña Floribeth cómo se dio el proceso de diagnóstico del aneurisma, cómo los doctores logran comprobar que el aneurisma ya no existía y cómo no había una reacción científica para demostrar el modo de desaparición, solamente se podía constatar desde una obra sobrenatural, para mí fue muy impactante”.

San Juan Pablo fue canonizado por el papa Francisco el 27 de abril de 2014, una celebración conocida como el día de los cuatro papas; ya que ese día se hizo presente el papa emérito Benedicto XVI y también era canonizado San Juan XXIII.

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