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Exponen reliquia de la Santa Cruz en la Catedral Metropolitana

Como es tradición todos los años, este lunes 14 de setiembre, en la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en la Catedral Metropolitana Santuario Nacional San José se expuso una reliquia de la cruz en la que murió Jesucristo. Son dos pequeñas astillas que se resguardan en un relicario.
Radio Fides conversó con el prefecto del Santuario Nacional, el Padre German Rodríguez, quien resaltó la importancia de este signo en el cristianismo; porque, aunque se trata de un instrumento de tortura, para los cristianos es el signo del triunfo de Jesús.
“La cruz para nosotros es un altar donde tuvo lugar la salvación, el altar es donde se hacen sacrificios y el altar donde Cristo se sacrificó fue la cruz. Para nosotros la cruz es un trofeo de victoria, de triunfo, porque fue allí donde se derrotó el poder del pecado y de la muerte…Para nosotros la cruz dejó de ser un signo de condena, para pasar a ser un signo de salvación”, explicó el presbítero.

¿Cómo se encontró la Cruz de Cristo?

Testimonios de San Crisóstomo y San Ambrosio cuentan que en el siglo IV, Santa Elena, madre del emperador Constantino, a sus 80 años, le pidió permiso a su hijo para ir a Jerusalén a buscar la cruz en la cual murió Jesús. Con la ayuda de San Macario de Jerusalén, obispo de la ciudad, se realizaron excavaciones en el monte Gólgota.
“Los judíos habían escondido la cruz en una zanja o pozo, y la cubrieron con piedras, de modo que los fieles no viniesen a venerarla. Sólo unos pocos elegidos entre los judíos conocían el lugar exacto donde había sido escondida”, dice el texto, agregando que uno de ellos, llamado Judas, gracias a una inspiración divina indicó el lugar exacto donde estaba escondida la cruz. Este hombre actualmente es venerado bajo el nombre de San Ciriaco.

En el lugar señalado se encontraron tres cruces, pero no se sabía cuál pertenecía a Jesucristo porque el letrero que pusieron sobre su cabeza ya se había retirado.
“Siguiendo una inspiración de lo alto, Macario hizo que se cargaran las tres cruces, una tras otra, al lado del lecho de una mujer digna que estaba en agonía. Cuando ella tocó las otras dos cruces no valió de nada, pero al tocar la cruz en que Cristo había muerto, se sanó súbitamente”, indica el relato. Acto seguido, el madero fue llevado en procesión por las calles de la ciudad.

Santa Elena realizó más descubrimientos sobre elementos de la pasión de Cristo; entre ellos está la Escalera Santa, los clavos, le letrero que se puso sobre la cabeza de Jesús, la túnica y el Santo Sepulcro. También logró dar con el pesebre donde se colocó a Jesucristo recién nacido y las reliquias de los Reyes Magos.
Las reliquias de la Santa Cruz se encuentran en la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén, en la Basílica de San Pedro; en el Vaticano, y en la mayoría de las catedrales del mundo.

¿Cómo llegó la reliquia a la Catedral Metropolitana?

En el libro “Descubriendo la Catedral de San José”, de Ana Isabel Herrera, se cuenta que un año y medio después de que se fundara el Venerable Cabildo Metropolitano (febrero de 1850) se solicitó a la Santa Sede una reliquia de “Lignum Crucis”.
“Originalmente la reliquia será obtenida a través de un señor alemán que iba para Europa y había ofrecido traerla a Costa Rica junto con el testimonio de autenticidad. En esa ocasión se descartó la idea por las muchas otras necesidades que existían en la catedral. Se decidió hacer ese gasto posteriormente”, se indica.
El trámite fue realizado por medio del entonces ministro de Relaciones Exteriores, Joaquín Bernardo Calvo; quien era hermano del deán del Cabildo, el Padre Rafael Calvo, quien la solicitó al ministro de Costa Rica, Fernando de Lorenzana, y le indicó que diera la limosna y que el Cabildo la restituiría.
“A pesar de la grande repugnancia que hay en darla, porque va disminuyendo inmensamente, he tenido la grande satisfacción de haberla obtenido. Vuestra excelencia la hallará inclusa, cerrada y sellada en un pequeño relicario de plata en forma de cruz y acompañada de su auténtica y le suplico que en mi nombre la ofrezca a los señores canónigos componentes del Cabildo, como una muestra de mi obsequio a sus virtudes”, fue lo dicho por Lorenzana.
El 23 de octubre de 1855 se recibió la reliquia con el testimonio de autenticidad, para conservar las dos astillas se le solicitó a Andrés del Valle, de Cartago, la confección de un relicario. Se trata de un familiar de las personas encargadas de realizar el resplandor de la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles.

Posteriormente, el certificado de autenticidad se extravió, por lo que entre 1881 y 1888, el entonces obispo de Costa Rica, Monseñor Bernardo Augusto Thiel, solicitó que se buscara, pero al no encontrarse, en 1894 trajo de Roma una nueva reliquia con su certificado de autenticidad.
Estas astillas de la cruz se colocaron en un relicario, se sellaron y se firmaron dos auténticas, una fue colocada al pie del “Lignum Crucis” y la otra se guardó en el archivo, donde está la antigua reliquia sin el certificado.

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