El obispo auxiliar de San José, monseñor Daniel Blanco, fue el ponente invitado del webinar «El compromiso social cristiano en la comunicación», organizado por la Comisión Episcopal de Comunicación de la Conferencia Episcopal Peruana y seguido en vivo por comunicadores de Perú, Costa Rica, México, Bolivia, Paraguay y República Dominicana.
Monseñor Blanco, quien además coordina el Centro para la Comunicación del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y preside la Pastoral Social Cáritas de Costa Rica, resumió su exposición en una idea: la comunicación como servicio a la verdad, a la dignidad humana y a la comunión.
Transmisión completa del webinar, cortesía de la Comisión Episcopal de Comunicación del Perú.
Encontrarse antes de hablar
El jerarca advirtió que la comunicación eclesial no se agota en los boletines parroquiales, las redes sociales o las transmisiones litúrgicas. «Antes de transmitir un mensaje es necesario encontrarnos con las personas», señaló, y puso a Cristo como el comunicador perfecto: alguien que escuchó antes de enseñar, como lo hizo con la samaritana, con Zaqueo y con los discípulos de Emaús.
Desde ahí planteó una advertencia a las instituciones eclesiales: una parroquia o una diócesis puede tener un sitio web impecable y fotografías profesionales, pero si sus miembros son indiferentes ante el que sufre, esa comunicación pierde credibilidad.
La doctrina social como criterio
Tomando como base el primer capítulo de la encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV, monseñor Blanco recorrió los principios que deberían orientar el trabajo de los comunicadores católicos: dignidad de la persona, verdad, justicia, solidaridad, participación y bien común.
En materia de dignidad fue enfático: no se deben utilizar fotografías de personas vulnerables para conseguir recursos, ni ridiculizar a nadie por su condición social, su enfermedad o su acento, y siempre debe protegerse a las personas menores de edad. Sobre la verdad, propuso un examen antes de reenviar cualquier información: ¿es verdadera?, ¿cuál es la fuente?, ¿puede causar un daño injusto?
Recordó también que quien comunica debe aprender tanto a escuchar como a hablar, y que incluso las críticas enseñan: «no podemos estar siempre a la defensiva de aquellos que nos critican».
Polarización, desinformación e inteligencia artificial
Entre los desafíos actuales, el obispo mencionó la polarización que se ha colado también en ambientes eclesiales, las frases del Magisterio sacadas de contexto y el auge de la inteligencia artificial, que —siguiendo a León XIV— debe estar al servicio de la persona y nunca al revés.
Sobre los llamados misioneros digitales, pidió responsabilidad y formación: «la popularidad no sustituye la autoridad, la formación ni la responsabilidad», y recomendó distinguir con claridad cuándo se expresa una opinión personal y cuándo se presenta la enseñanza oficial de la Iglesia.
Al referirse al manejo de crisis, sostuvo que la transparencia no significa divulgarlo todo: implica asumir la verdad con valentía, evitar la revictimización y respetar el derecho a la defensa y la presunción de inocencia.
El fruto por encima de las cifras
Monseñor Blanco cerró su ponencia con una pregunta para el examen de conciencia de los comunicadores: «La cuestión decisiva no es cuántas personas ven nuestro contenido, sino qué fruto produce nuestra comunicación. Podríamos ganar una discusión, pero perder una persona».




