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«Procuremos lo que favorece la paz y lo que contribuye a la edificación mutua»

Mensaje de los Obispos de la Conferencia Episcopal a la Iglesia y al pueblo de Costa Rica al finalizar la CXXXII Asamblea Ordinaria

Después de haber peregrinado como santo pueblo fiel de Dios hasta el Santuario Nacional de Nuestra Señora de los Ángeles, y habiendo depositado en las manos de María, nuestra Madre, las alegrías, preocupaciones y sufrimientos de nuestro pueblo, como pastores, nos dirigimos con afecto y esperanza a los fieles y a todos los habitantes de nuestra Patria.
Al contemplar las innumerables peregrinaciones que llegan hasta la casa de la Negrita, descubrimos que nuestro pueblo sigue buscando a Dios, sigue anhelando la paz y continúa creyendo que es posible construir una Costa Rica más fraterna y solidaria. Tenemos el compromiso de acompañar esas búsquedas favoreciendo el encuentro con Cristo, único que puede dar respuesta a los anhelos del corazón humano.
Con inmensa alegría damos gracias a Dios porque ha querido bendecir a la Diócesis de Puntarenas con el nombramiento del nuevo obispo, Monseñor Elímar Gerardo Carvajal Durán. Este don del Señor fortalece la comunión eclesial y manifiesta su amor providente por su Pueblo, que nunca deja de ser acompañado por pastores según su corazón. Acogemos fraternalmente a Monseñor Elímar Gerardo en el seno de la Conferencia Episcopal de Costa Rica y elevamos nuestra oración para que el Espíritu Santo lo ilumine y sostenga en su ministerio episcopal.

1.Renovar nuestro compromiso por el bien común.

Como Pastores del Pueblo de Dios, no podemos permanecer indiferentes ante las situaciones de sufrimiento que afectan a tantas personas y familias de nuestra patria. Valoramos los avances que reflejan los indicadores oficiales en materia de pobreza. Sin embargo, estos datos deben impulsarnos a redoblar los esfuerzos, pues muchas familias siguen enfrentando el peso del elevado costo de la vida, las desigualdades económicas y territoriales, así como la precariedad e informalidad del empleo. Nos interpela también la crisis de salud mental que afecta de manera particular a niños, adolescentes, jóvenes y adultos mayores, manifestándose con frecuencia en la soledad, la desesperanza, las adicciones y diversas formas de violencia que hieren profundamente el tejido social. Del mismo modo, la desintegración familiar, el descenso de la natalidad, la perdida de referentes comunitarios y la falta de oportunidades que obliga a muchos a vivir en la incertidumbre ante su futuro.
«Hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese «todos nosotros», formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales» (Papa Benedicto XVI. Caritas in veritate 7).
Hacemos un llamado a renovar nuestro compromiso con el bien común y a fortalecer la solidaridad social. Es indispensable fortalecer y extender políticas públicas que coloquen en el centro la dignidad inviolable de toda persona humana, favorezcan la inclusión social y garanticen oportunidades reales de educación, trabajo y desarrollo integral para todos. Ningún esfuerzo será suficiente si no aprendemos a reconocernos como hermanos, corresponsables unos de otros y llamados a construir una sociedad más justa, fraterna y reconciliada.
La Iglesia desea seguir siendo signo de esperanza y cercana compañera de camino para quienes sufren. Invitamos a nuestras comunidades eclesiales a abrir espacios de escucha, acogida y acompañamiento para las personas más vulnerables y a trabajar junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad en la construcción de una Costa Rica donde nadie se sienta excluido, olvidado o sin esperanza. Confiamos en que, con la ayuda de Dios y el compromiso solidario de todos, podremos seguir edificando una nación que refleje los valores del Evangelio.

2.Progresar en el diálogo para una paz social


«La paz social es trabajosa, artesanal. Sería más fácil contener las libertades y las diferencias… Pero esa paz sería superficial y frágil... Integrar a los diferentes es mucho más difícil y lento, aunque es la garantía de una paz real y sólida... Lo que vale es generar procesos de encuentro, procesos que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias. ¡Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo! ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro!» (Papa Francisco. Fratelli tutti 2017).
Costa Rica necesita redescubrir el valor del diálogo como camino privilegiado para construir juntos. La historia de nuestra democracia demuestra que los momentos de mayor progreso han surgido cuando hemos sabido escucharnos, respetarnos y buscar juntos soluciones a los desafíos nacionales. En un contexto marcado por la polarización y la desconfianza, hacemos un llamado a todos los sectores de la sociedad a cultivar una cultura del encuentro que privilegie el interés del país sobre los intereses particulares.
Exhortamos a que los grandes temas nacionales sean afrontados mediante procesos de diálogo amplios, transparentes y participativos, donde prevalezcan la búsqueda de la verdad como construcción conjunta, el respeto a la dignidad de las personas, el cuidado de la creación y el bien común en búsqueda de una paz social. Ningún problema nacional encontrará soluciones duraderas desde la confrontación. Desterremos posturas que pretenden el monopolio de la verdad y de los relatos mediáticos polarizantes. Necesitamos escucharnos y trabajar juntos por el futuro que anhelamos para las nuevas generaciones.

3.La colaboración entre los tres poderes de la República


El fortalecimiento de nuestra institucionalidad democrática exige una relación de respeto, independencia y colaboración entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Cada uno posee responsabilidades propias e irrenunciables, pero todos están llamados a cooperar lealmente para responder a las necesidades de la población y fortalecer la confianza de los ciudadanos en las instituciones. Es una condición indispensable para fortalecer nuestra institucionalidad democrática y responder eficazmente a las necesidades de la población, por encima de cualquier interés particular.
Siempre es posible mejorar las estructuras y los mecanismos de servicio que prestan los poderes e instituciones públicas. Les invitamos a suscitar una actitud de autocrítica sobre el propio desempeño como parte de la responsabilidad inherente a la función pública y la disposición a adaptarse a los cambios sociales apelando a procesos serios de análisis y reformas.
Dirigimos una palabra especial a nuestros gobernantes, legisladores, jueces, servidores públicos, empresarios, educadores y comunicadores sociales. El servicio que prestan a la sociedad es una noble vocación. Nuestro pueblo espera de todos sus líderes altura moral, capacidad de escucha y la valentía necesaria para construir consensos que favorezcan especialmente a los más vulnerables.

4.Una palabra de esperanza y cercanía a nuestros jóvenes


El reciente Día Nacional de la Juventud nos ha permitido contemplar la belleza de una juventud creyente, alegre, generosa y comprometida, que no teme abrir el corazón a Dios ni ponerse al servicio de los demás. En medio de los desafíos de nuestro tiempo, ustedes son un signo de esperanza para la Iglesia y para nuestra sociedad. No permitan que nadie les robe la alegría de soñar ni que la cultura de la violencia y de la indiferencia determine sus proyectos de vida.
Los animamos a asumir con valentía el protagonismo que les corresponde en la promoción de los valores humanos y evangélicos, en la construcción de una cultura del encuentro y en el ejercicio de una solidaridad concreta con quienes más sufren.
Costa Rica necesita jóvenes que sean sembradores de paz, defensores de la dignidad humana, custodios de la creación. La Iglesia camina con ustedes y los invita a seguir siendo discípulos misioneros que, con la fuerza del Evangelio, iluminen nuestro presente y abran caminos de esperanza para las nuevas generaciones.
Invitamos a toda la sociedad costarricense a no dejarse vencer por el desaliento ni por la indiferencia. Tenemos razones para esperar. Nuestro pueblo posee inmensas reservas de bondad, generosidad y solidaridad que debemos cultivar y promover. Por ello, renovamos el llamado contenido en nuestra carta pastoral “La paz esté con ustedes”. La paz es una tarea que nos involucra a todos. No puede ser delegada únicamente en las autoridades ni reducida a estrategias de seguridad. La paz comienza en el corazón que se deja transformar por el Evangelio, se aprende en el hogar, se cultiva en la escuela, se fortalece en las comunidades y se construye mediante el compromiso cotidiano con la verdad, la justicia, la solidaridad y el bien común.
A las familias costarricenses les agradecemos ser el santuario de la vida y la primera escuela donde se aprende a amar, perdonar y servir. Cuiden la belleza del encuentro familiar y eduquen a las nuevas generaciones en los valores que han dado solidez a nuestra sociedad. Promovamos políticas en favor de las familias que permitan fortalecer las redes de protección que en ellas se originan para una sociedad mejor.
A nuestros sacerdotes, diáconos, consagrados y agentes de pastoral les invitamos a renovar la pasión evangelizadora. Este tiempo nos reclama una Iglesia cercana, misericordiosa y samaritana, capaz de escuchar el clamor de quienes sufren y de anunciar con alegría la esperanza que nace del Evangelio.
A los fieles católicos les exhortamos a ser discípulos misioneros que anuncian el Evangelio con alegría y coherencia. Que nuestras comunidades sean verdaderas escuelas de fraternidad, lugares de acogida y servicio, donde nadie se sienta olvidado. Respondamos con más oración, más cercanía y más compromiso cristiano a los desafíos de nuestro tiempo.
En este año del Jubileo Franciscano, en el que conmemoramos los ochocientos años del tránsito de san Francisco de Asís a la casa del Padre, acogemos su legado de fraternidad universal y de paz. San Francisco nos enseñó que no hay verdadera renovación social sin una profunda conversión del corazón. Su saludo sigue siendo actual y necesario para nuestro tiempo: «El Señor te dé la paz». Que su testimonio nos inspire para ser artesanos de reconciliación en medio de las heridas de nuestra sociedad y custodios agradecidos de la creación que Dios nos ha confiado.
Con María, Nuestra Señora de los Ángeles, renovemos nuestro compromiso de construir una patria reconciliada, donde nadie se sienta descartado y donde la vida sea siempre acogida, protegida y promovida.
Con afecto pastoral impartimos nuestra bendición a todas las familias de Costa Rica y encomendamos particularmente a quienes sufren, a quienes sirven generosamente al país y a quienes trabajan cada día por la justicia y la paz.
En el Seminario Nuestra Señora de los Ángeles a los 7 días del mes de agosto del año del Señor 2026.

Javier Román Arias
Obispo de Limón
Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Bartolomé Buigues Oller
Obispo de Alajuela
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Daniel Francisco Blanco Méndez
Obispo Auxiliar de San José
Secretario General de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano de San José
Tesorero de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

José Manuel Garita Herrera
Obispo de Ciudad Quesada

Juan Miguel Castro Rojas
Obispo de San Isidro de El General

Manuel Eugenio Salazar Mora
Obispo de Tilarán-Liberia

Mario Enrique Quirós Quirós
Obispo de Cartago

Óscar Fernández Guillén
Administrador de Puntarenas

Elímar Gerardo Carvajal Durán
Obispo Electo de Puntarenas

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