La oración no es una «forma de evasión» inútil ni una técnica psicológica para el bienestar personal, sino una «dimensión fundamental de nuestra humanidad» y, por ello, «merece ser redescubierta en su verdad». También acogiendo la Liturgia de las Horas «en la vida cotidiana de los bautizados y de las comunidades». Así lo subraya León XIV en la quinta catequesis de la audiencia general sobre la Sacrosanctum Concilium, la Constitución que el Concilio Vaticano II dedicó a la liturgia, sobre el tema «La oración de la Iglesia».
Desde Pentecostés, el Espíritu Santo nos enseña a orar
Una audiencia celebrada hoy, 5 de agosto, tras la pausa del mes de julio, en la Basílica de San Pedro, debido al intenso calor que se registra estos días en Roma. Tras recorrer la nave central para saludar a los 5 000 fieles presentes, el Papa explica, continuando con el ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio, que desea detenerse en la dimensión eclesial de la oración litúrgica. Tal y como sugiere San Pablo en el pasaje de la Carta a los Efesios que se ha leído al comienzo de la catequesis, «es el Espíritu Santo quien nos enseña a orar», y lo hace morando en la Iglesia desde el día de Pentecostés. Desde entonces, recuerda el Concilio en su primer documento aprobado, «la Iglesia nunca dejó de reunirse en asamblea para celebrar el misterio pascual», leyendo las Escrituras, celebrando la Eucaristía y dando gracias a Dios «por su don inefable en Cristo Jesús».En nuestra época, en contextos dominados por una mentalidad eficientista y consumista, la oración puede parecer algo inútil e insignificante. En un mundo en el que la ciencia y la técnica pretenden dar todas las respuestas, orar puede parecer una forma de evasión.
Las familias cristianas que ya no transmiten la oración
Incluso en «diversas familias cristianas», lamenta el Sumo Pontífice, «ya no se transmite la oración, mientras que numerosas personas corren el riesgo de confundirla con una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal».La oración, en cambio, como dimensión fundamental de nuestra humanidad, merece ser redescubierta en su verdad.
La oración y la participación de los fieles en la liturgia
Una exigencia que, recuerda el Papa León XIV, la Sacrosanctum Concilium «se tomó en serio», hasta tal punto que San Pablo VI, al promulgarla, afirmó: «Dios en primer lugar; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, primera fuente de la vida divina que se nos comunica, primera escuela de nuestra vida espiritual». En la Constitución, aclara el Papa, el término «la oración» designa toda la liturgia, desde una perspectiva «decisiva», pues «ha orientado la reforma litúrgica, otorgándole como eje central la participación activa de los fieles». Y «la liturgia se presenta ante todo como el lugar del encuentro, de la iniciativa de Dios que se acerca a la humanidad en su Hijo».
Fuente: vaticannews.va




