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Oraciones

¿Dónde quedó nuestra educación?

(VIDEO) Mons. José Rafael Quirós Quirós, Arzobispo Metropolitano

 


Cuantas veces, a lo largo de estos cuatro meses, hemos escuchado lo importante que es, en el actual contexto de pandemia, quedarse en casa hasta que sea seguro, atendiendo en todo momento  las indicaciones sanitarias. En las actuales circunstancias aislarse es un acto necesario de supervivencia, pero, además, un gesto solidario con nuestros familiares, seres queridos y con la sociedad en general.

Por ello, con enorme preocupación, hemos visto aumentar las cifras de contagios del SARS-CoV-2 en Costa Rica y, aunque las razones son diversas, destaca la mentalidad egoísta y la desafiante actitud de un sector de la población que hace caso omiso a las medidas de prevención emanadas del Ministerio de Salud, en particular, aquellas que miran a respetar las burbujas sociales y al distanciamiento físico.

Ignorando las normas de orden público aplicadas por razones de salud, el Ministerio de Seguridad pidió, días atrás, a las municipalidades considerar la prohibición de venta de bebidas alcohólicas para evitar las aglomeraciones y por los desórdenes provocados por el consumo de licor pues, sin duda, esto ha significado un foco importante de contagio del COVID-19. 

Asimismo, es triste constatar cómo, a pesar de las advertencias del riesgo de propagación por el contacto cercano, algunos se empeñan en realizar reuniones, fiestas o actividades sociales con amigos y familiares que no viven en su casa; muchos de estos encuentros en espacios reducidos y, por supuesto, sin mantener una distancia mínima. Esta forma de conducta, lamentablemente, no ha sido corregida a tiempo y hoy estamos pagando las consecuencias.

Al considerar los hechos, descubrimos presente este comportamiento en todos los estratos sociales, desde las familias que viven dolorosamente hacinadas en precarios y cuarterías, hasta aquellas que residen en lujosos e impenetrables condominios, y en una y otra parte, ha sido indignante la desobediencia y el irrespeto a las autoridades, hasta el punto de agredirles en el cumplimiento de su deber. 

Ante estos equivocados comportamientos habría que preguntarse: ¿En verdad somos un pueblo educado?  Y es que, como nuestros abuelos decían, "la jarana sale a la cara", hoy tenemos que pagar con creces, o con vidas humanas que es aún más triste, los errores de un sistema educativo que sacrifica un verdadero enfoque humanista. 

Las acciones correctivas deben ser precisas y concretas pues sólo desde una educación integral, abierta a los valores humanos y principios éticos y espirituales, podemos encaminar nuestros pasos pues, como nos dice el Papa Francisco, "en una existencia sin trascendencia, las cosas se vuelven ídolos". 

Aunque están en peligro nuestra salud y nuestra vida, esos ídolos del consumo, del placer, del lujo, del "facilismo", de la abundancia, de falsa libertad, se resisten a morir desenfocando nuestra atención de lo que es verdaderamente importante. Por ello es urgente educar para la justicia, para el servicio, para la solidaridad y el amor. "Hoy más que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna".[1] No se puede olvidar que los padres de familia son los educadores por naturaleza, y que la escuela y el Estado lo hacen complementariamente. El ejercicio sano y nutriente de la autoridad hacia los niños y jóvenes en su proceso formativo es necesario para ellos y un bien para la sociedad en general.

El Coronavirus nos está llevando, irremediablemente, a repensar los actuales modelos educativos y confío en que sea esta una oportunidad, no sólo para potenciar los recursos tecnológicos como vía de enseñanza y aprendizaje, sino para retomar el papel que desempeña la educación al "promover una cultura del diálogo, del encuentro y de la comprensión mutua, de forma pacífica, respetuosa y tolerante". [2]

El fortalecimiento de la familia como escuela de los más altos valores humanos y cristianos, sigue siendo la respuesta.

 

 



[1] Papa Francisco 14 de mayo del 2020

[2] Papa Francisco, Audiencia Unesco, 13 de febrero del 2020